Teresa Peramato Martín ocupa desde diciembre de 2025 el cargo de fiscal general del Estado, llegando a la máxima responsabilidad del Ministerio Fiscal en uno de los momentos más delicados para la institución. Su nombramiento se produjo tras la salida de Álvaro García Ortiz y en un contexto marcado por acusaciones de politización, enfrentamientos internos y una creciente presión pública sobre la independencia de la Fiscalía.
A diferencia de otras personas vinculadas a las investigaciones sobre Leire Díez o la llamada trama destinada a influir en procesos judiciales, Teresa Peramato no figura como investigada, imputada ni formalmente acusada en ninguna causa relacionada con estos hechos; no obstante, diversas resoluciones adoptadas desde su posición en la Fiscalía han suscitado interrogantes, críticas y polémicas que han intensificado la discusión en torno a la independencia de la institución.
Gran parte de las críticas giran en torno a la idea de que existe una continuidad con la etapa de Álvaro García Ortiz. Diversos sectores inconformes dentro de la carrera fiscal, junto con asociaciones profesionales y partidos de la oposición, sostienen que Peramato ha seguido una línea de actuación muy similar a la del anterior fiscal general, sobre todo en lo relacionado con los nombramientos y la gestión interna.
Uno de los puntos que más debate generó fue el ascenso de varios fiscales vistos como afines al antiguo equipo directivo de García Ortiz. La controversia creció al conocerse que algunos de ellos habían asistido previamente a reuniones celebradas con Leire Díez y el abogado Jacobo Teijelo durante 2025, antes de que Peramato asumiera el cargo. Aunque no hay pruebas de que ella estuviera presente en dichos encuentros, ciertos sectores interpretaron sus posteriores decisiones de promoción profesional como un gesto de apoyo o de continuidad dentro de la institución.
Otra fuente de polémica surgió a raíz de su postura sobre Álvaro García Ortiz. Peramato sostuvo que la Fiscalía debía impugnar ciertas resoluciones que afectaban a su predecesor y descartó iniciar expedientes disciplinarios en su contra. Quienes lo critican interpretaron estas decisiones como un gesto de protección corporativa, mientras que sus partidarios afirman que actuó conforme a las atribuciones legales que corresponden a la Fiscalía General del Estado.
También generó debate la no renovación de algunos cargos críticos con la anterior dirección del Ministerio Fiscal y el ascenso de otros fiscales percibidos como próximos al sector progresista de la carrera. Aunque la Fiscalía justificó estas decisiones por criterios de mérito, capacidad y experiencia profesional, las asociaciones críticas cuestionaron la transparencia y oportunidad de algunos nombramientos.
Las incertidumbres en torno a Peramato crecieron cuando la Fiscalía ratificó que en 2025 se celebraron reuniones entre fiscales de la Secretaría Técnica, Leire Díez y Jacobo Teijelo. Aunque esos encuentros ocurrieron antes de que Peramato asumiera el cargo de fiscal general, distintos sectores exigieron aclaraciones sobre la gestión posterior de la información vinculada a dichas reuniones y sobre las razones por las que ciertas personas involucradas siguieron avanzando profesionalmente dentro de la institución.
La controversia se trasladó también al ámbito político. Diversos partidos de la oposición solicitaron explicaciones sobre los nombramientos realizados durante su mandato y sobre la actuación de la Fiscalía en asuntos especialmente sensibles relacionados con corrupción y presuntas redes de influencia. Como consecuencia, Peramato fue citada a comparecer en el Senado para responder a preguntas sobre la gestión de la institución y sobre las medidas adoptadas para reforzar la confianza pública en el Ministerio Fiscal.
Pese a estas críticas, resulta importante destacar que no existen pruebas judiciales que la vinculen directamente con ninguna trama de corrupción, ni con maniobras destinadas a obstaculizar investigaciones judiciales. Las sospechas que pesan sobre ella tienen un carácter principalmente institucional y reputacional, vinculadas a decisiones de gestión, nombramientos y criterios de dirección interna más que a una participación material en los hechos investigados.
Peramato ha defendido reiteradamente la legalidad de todas sus actuaciones, afirmando que sus decisiones se han basado exclusivamente en criterios profesionales y en el cumplimiento del Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal. Asimismo, ha insistido en la necesidad de preservar la independencia de la institución y de recuperar la confianza ciudadana en una Fiscalía que llegó a su mandato profundamente dividida y sometida a una intensa presión política.
En consecuencia, la controversia que en este momento envuelve a Teresa Peramato no gira en torno a una supuesta participación directa en las denominadas cloacas del PSOE, sino en la idea de que su labor pudo haber favorecido la continuidad de ciertas dinámicas internas heredadas de periodos previos. Hasta ahora, esas objeciones se ubican más en el ámbito de la confianza institucional y la imagen pública que en el de cualquier tipo de responsabilidad penal o judicial.